¿Qué es el trastorno dismórfico?

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¿Qué es el trastorno dismórfico?

Todos queremos vernos bien, estar conformes con nuestro físico, gustarnos y gustar a los demás. Cuando estamos satisfechos con nuestra apariencia exterior nuestra salud mental también se ve beneficiada, así como nuestras relaciones sociales y laborales.

Los cambios de imagen, los retoques estéticos, las intervenciones, son beneficiosas si nos ayudan a aceptarnos, si eliminan nuestros complejos físicos. En una época de “selfies”, redes sociales y en que la imagen es una prioridad, muchas personas se sienten atrapadas por su cuerpo y se esfuerzan en parecer perfectos.

Es el caso de muchos famosos, que se someten a continuas intervenciones estéticas para lograr una imagen concreta. Cuando esa búsqueda de la perfección se convierte en una obsesión, se considera que existe un trastorno mental denominado dismorfofobia o trastorno dismórfico, que es una alteración de la percepción de la propia imagen corporal o una exageración de un defecto real mínimo, que puede pasar totalmente desapercibido para los demás o que otros ven como algo sin importancia, pero que supone un complejo insuperable para quien lo padece.

¿Qué es el trastorno dismórfico y cómo afecta a las personas?

El trastorno dismórfico corporal (TDC) fue reconocido por la Asociación Psiquiátrica Americana en 1987 y fue registrado y reconocido oficialmente como trastorno psiquiátrico en 1987.

Suele aparecer en la adolescencia, sobre los 12 o 13 años, y si no se corrige a tiempo puede dilatarse en el tiempo e incluso volverse crónico.

Las causas del TDC varían de una persona a otra, aunque la mayoría de los investigadores consideran que su origen podría ser una combinación de factores biológicos, psicológicos y ambientales de su pasado o presente. Malos tratos, abuso o abandono pueden ser también factores contribuyentes.

Este desajuste afecta tanto a hombres como a mujeres, que la mayoría de las veces se operan lo que les acompleja, pero al tiempo surge otra distorsión en otra parte de su cuerpo y quieren volver a intervenirse. En el trastorno dismórfico el problema no es el defecto físico sino el trastorno mental que hay de fondo, y eso es lo que realmente hay que tratar.

Los cirujanos son los más cercanos a los pacientes en orden a detectar la irrealidad de las demandas, por lo que pueden explicarles que cambiar la imagen puede ayudarles a sentirse mejor, pero nunca debemos supeditar estar bien a un simple cambio físico, que debe ser una ayuda, no una obligación. Que la cirugía estética está a tu servicio, y no tú a la suya.

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